Guacamayo Rojo

Nuestra meta es generar una población autosustentable de guacamayos rojos que habite el interior de la Reserva Natural Iberá y los bosques vecinos.

Situación actual del proyecto (actualizado en Junio de 2017): En octubre de 2015 se liberó el primer grupo de siete guacamayos cerca del área de Monte Rey en el portal Cambyretá, al norte del Iberá. Aunque la respuesta de la opinión pública y los vecinos fue entusiasta, los animales liberados —que habían nacido en cautiverio— no lograron adaptarse bien a la vida libre, y algunos murieron y otros se perdieron. Actualmente se cuenta con un grupo de siete ejemplares en un gran jaulón en Monte Rey donde están siendo entrenados activamente para que puedan volar largas distancias y alimentarse principalmente de frutos nativos. Otros cuatro ejemplares están en el Centro de Rescate Aguará, de la provincia de Corrientes, desde donde serán trasladados a Monte Rey para su futura liberación.

Los guacamayos: Habitantes históricos del Iberá

Debido a su vistoso plumaje los guacamayos han sido perseguidos por los humanos desde tiempos históricos. En Corrientes habitaban al menos dos especies de estas grandes aves: el guacamayo violáceo (Anodorhynchus glaucus) o “guaá- hovy’’, que se extinguió totalmente, y el guacamayo rojo (Ara chloropterus) o “guaá-pytá’’, que desapareció de la provincia y el resto de la Argentina.

Los guacamayos habitaron los campos con isletas de selva, palmares y las selvas de galería de Corrientes y otras provincias como Formosa, Chaco, Santa Fe, Misiones y Entre Ríos. Hoy en día las poblaciones de guacamayo rojo más cercanas a Corrientes se encuentran a más de 300 kilómetros hacia el norte en los estados de Mato Grosso do Sul y Paraná en Brasil, en el extremo norte de Paraguay, y el sudeste de Bolivia, y no están adecuadamente protegidas.

A escala global el guacamayo rojo está catalogado en la lista roja de UICN como una especie de “preocupación menor”. En la Argentina está catalogada formalmente como una especie “críticamente amenazada”, aunque no existen registros recientes y se la considera extinta.

Registros históricos que muestran la existencia y posterior desaparición del guacamayo rojo en el norte argentino

Unas de las pocas menciones acerca del guacamayo rojo en nuestro país fueron las de Alcides D´Orbigny (1945), quien en 1847 lo capturó en sus viajes por Corrientes, más exactamente durante una navegación por el río Paraná a la altura de Ita Ibaté. Antes, Félix de Azara (1809) contaba cómo entre 1781 y 1801 la especie habitaba los alrededores de la ciudad de Asunción y todo el sur de Paraguay en Ñeembucú, mencionando al norte de Argentina hasta los 28 grados de latitud como su área de distribución. También Sánchez Labrador menciona la presencia en el sur del Paraguay.

En 1881, el Comandante Fontana lo registra en tierras chaqueñas, como también lo hace Enrique Lynch Arribalzaga en su publicación sobre "Las aves del Chaco" de 1920. Sin embargo, en 1895, Eduardo Holmberg también comenta "se trae en cantidad del Paraguay; recuerdo haberlo visto el Chaco; pero González trajo dos del Pilcomayo". En Junio de 1891, Bertoni (1901) comentó la captura de un ejemplar en el alto Paraná del siguiente modo: "Lo maté cuando estaba comiendo frutas de Esenbeckia guatambu, con tres individuos más del mismo tamaño (...) A menudo se ve a esta especie cruzar el río Paraná; parece que duerme en la costa argentina para pasar a comer todos los días a la costa paraguaya". Esto último corresponde a algún punto en la costa argentina en el noroeste de Misiones. Existen también registros de 1883 para Santa Ana, departamento Candelaria, provincia de Misiones, hasta que  tal vez en 1917 se cazó uno de los últimos individuos silvestres en Argentina, en la provincia de Formosa (Chebez 2008).

El panorama que muestran todos estos relatos históricos es el de una especie que vivía perfectamente en los bosques de la región, ya que se mencionan como árboles para alimentación o nidificación especies muy abundantes como el timbó y las palmeras mbocayá, entre otros. Pero asimismo, resulta notable que la mayoría de los comentarios de los naturalistas son sobre el uso de los guacamayos para alimento y para mascota u ofrendas. Considerando esto en coincidencia con el auge del poblamiento humano en la región entre Asunción y Corrientes, y la gran actividad ganadera que se desarrollaba en el 1700 y 1800, resulta sencillo entender que por qué esta especie resultó fuertemente afectada hasta su extinción. Para tener una idea del impacto de las actividades humanas en la región noroeste de Corrientes se puede considerar que las cabezas de ganado de aquella época equivalen casi al total de cabezas de ganado que se encuentran hoy en día en la provincia. Sumado a esto, ha sido mencionado el impacto negativo de las guerras y guerrillas que asolaron la región norte de Corrientes durante todos esos años.

 

La oportunidad de recuperar a un “grande”

La Reserva Natural Iberá representa una oportunidad casi única para recuperar la presencia de esta auténtica “joya del aire” en nuestro país. En la actualidad la reserva cuenta con una gran extensión de hábitat protegido con suficientes islas de bosque que permitirían albergar una población estable de guacamayo rojo tanto en el Parque Provincial de propiedad pública como en las reservas bajo propiedad privada. Además, el Iberá cuenta con un conjunto de instituciones y expertos con experiencia en la restauración de poblaciones extintas y amenazadas como el oso hormiguero gigante, el venado de las pampas y el pecarí de collar.

Cuatro razones para recuperar al guacamayo rojo

  • Cumple un rol clave en el funcionamiento de las islas de bosques al controlar y dispersar los frutos y semillas de mayor tamaño de los árboles nativos.
  • Implica la recuperación de una especie extinguida en la Argentina y la conservación de una población silvestre al sur de la distribución geográfica global de la especie.
  • Representa un atractivo turístico de primer orden al ser una de las aves más espectaculares de América, lo que contribuirá al desarrollo de las comunidades locales.
  • Se recupera además un valor cultural de los correntinos que sigue presente en expresiones artísticas y relatos históricos.
 

Del cautiverio a la libertad en el Iberá

Nuestro proyecto se nutre de guacamayos rojos cautivos provenientes de diferentes zoos y centros de cría de todo el país. Estos animales se trasladan hacia el Complejo Ecológico Aguará en la provincia de Corrientes, donde se consolidan los grupos de individuos y se hacen todos los chequeos sanitarios necesarios para descartar enfermedades que puedan ser incorporadas en el ambiente silvestre tras su liberación.

Antes de su traslado al lugar de liberación se les coloca un pequeño transmisor de radio que permite el seguimiento de cada individuo en el campo, una vez que son liberados. Antes de su liberación estas aves pasan varias semanas en un aviario de aclimatación en la zona de Cambyretá, al sur de Ituzaingó y Villa Olivari, en el portal de acceso norte a los Esteros del Iberá. En dicho aviario los animales aprenden a alimentarse de frutas nativas y a adquirir otras habilidades para su reinserción en la naturaleza.  Luego de su liberación y según van ampliando su área de acción, los guacamayos son monitoreados por personal del proyecto para comprobar su adaptación al ambiente natural, su reproducción y supervivencia a largo plazo.

El retorno del guacamayo rojo es el fruto de la colaboración de múltiples instituciones

CLT financia la mayor parte del proyecto gracias a la donación de un filántropo europeo y aporta su experiencia en proyectos de reintroducción de fauna en Iberá. Científicos del CONICET aportan su conocimiento en la ecología de estas aves y su reintroducción. La Dirección de Recursos Naturales de Corrientes presta las instalaciones del Centro Aguará para albergar a los animales antes de ser trasladados al Iberá. La Dirección de Parques y Reservas autoriza y supervisa su adecuada implementación sobre el terreno. Diferentes parques ecológicos, centros de custodia de vida silvestre y zoológicos de todo el país proveen los animales que van a ser liberados. Finalmente, varios grupos de voluntarios, incluyendo scouts, escuelas y observadores de aves, colaboran en la difusión del proyecto y aportan sus observaciones de los animales en el campo.